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A un costado de la cancha había yuyales y, más allá, el terraplén del ferrocarril. Al otro costado, descampado y un árbol bastante miserable. Y ahí, debajo de ese árbol, solía ubicarse el viejo.
By Hernán Castro BalbiA un costado de la cancha había yuyales y, más allá, el terraplén del ferrocarril. Al otro costado, descampado y un árbol bastante miserable. Y ahí, debajo de ese árbol, solía ubicarse el viejo.