Traspasar la frontera española y adentrarse en tierras lusas es experimentar casi de inmediato un cambio en los biorritmos.
En Portugal el tiempo parece transcurrir más despacio.
A la vez, su gente trasmite esa mezcla de serenidad y hospitalidad tan valorada por el viajero.
Vila Nova de Milfontes
Son muchas las cualidades que hacen de Portugal un destino privilegiado. Entre ellas, sin duda, el descanso. En pocas palabras, Portugal es el lugar perfecto para alejarse del mundanal ruido, relajarse y recargar las pilas. Entre tantos
rincones hay uno muy especial: Vila Nova de Milfontes. Este pequeño pueblecito está situado en pleno parque natural,
en la desembocadura del río Mira y a unos quince kilómetros al sur de la costa de Porto Covo.
Vila Nova de Milfontes atesora multitud de placeres entre sus callejuelas estrechas con tradicionales y coquetas casitas bajas, adornadas de preciosas buganvillas color fucsia. La gastronomía es uno de ellos, también sus espectaculares
playas y sus paisajes vírgenes.
Gastronomía
En el país del bacalao, no todo se restringe al pescado -que desde luego es uno de los platos obligatorios- también cuenta con una exuberante oferta de frutas, verduras
frescas y gran variedad de quesos.
Importante la tradición repostera con el caramelo como ingrediente central, o la canela, uno de los sabores preferidos de los cocineros portugueses, desde la floreciente época imperial de Portugal, cuando los navegantes traían y llevaban
alimentos desde las vastísimas colonias.
Una de las visitas ineludibles en Vila Nova de Milfontes es el mercado de abastos. En él,
encontraremos exquisiteces que forman parte de la dieta de la zona como el marisco, uno de los favoritos en restaurantes y bares de la zona. Puede tomarse como plato único o en las tradicionales “cataplanas” de arroz
con marisco.
Otro de los privilegios que proporciona la productiva tierra portuguesa es el vino, no en vano se trata del sexto país productor de vinos del mundo. Es precisamente esta zona sur de la costa atlántica, Alentejo, donde se encontraron restos de recipientes que indican que los romanos ya fabricaban
vino aquí allá por el siglo II d.C. Los mejores tintos de esta zona son una mezcla de cepas: tinta roriz del Douro, castelar francês y trincadeira.