En el año 1998 estaba en un bar musulmán en la ciudad de Nápoles, Italia. De repente escuché una música con una vez especial, como angelical. Era la voz de Virginia Rodríguez. Compré sus discos y luego me enteré que había sido descubierta por Gaetano Veloso. Con el tiempo tuve la fortuna de presentarla en el Teatro Teresa Carreño.