Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia,
Señor (Sal 16, 11, Antif Com.).
Jesús nos enseña con diversas imágenes que el camino que conduce a la
Vida, a la santidad, consiste en el pleno desarrollo de la vida espiritual: el
grano de mostaza, que crece hasta llegar a ser un gran arbusto, donde se
posan las aves del cielo; el trigo, que llega a la madurez y produce espigas
con abundantes granos...
Ese crecimiento, no exento de dificultades y que en ocasiones puede
parecer lento, es el desarrollo de las virtudes. La santificación de cada
jornada comporta el ejercicio de muchas virtudes humanas y sobrenaturales:
la fe, la esperanza, la caridad, la justicia, la fortaleza..., la laboriosidad, la
lealtad, el optimismo...