Además debe ser un profeta que ya haya muerto, que haya dejado testimonio por escrito, que su vida personal haya sido intachable y de tal forma que sea muy difícil o inverosímil el fraude. De todos los que hay, la vidente Ana Catalina Emmerick cumple a la perfección con todos los criterios, y además ha dejado abundantes páginas escritas sobre sus visiones proféticas.