Probablemente se deba a mi ignorancia, pero confieso que siempre me ha parecido curioso: Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Lo normal, cuando te lanzas al agua, es quitarte la ropa, no ponértela. Nadar con la túnica puesta es un engorro. Y, después, salir del agua con la túnica empapada, una […]