Sus manos ya no le responden como antes. Intenta atrapar algún objeto inanimado y contempla con impaciencia como se le desliza de sus dedos. Los temblores le acompañan hasta en el sueño. Alfredo padece una condición degenerativa que le causa severos daños neurológicos y le impide controlar el movimiento de su cuerpo. Ahora son solo sus manos pero el Parkinson puede atacarle los brazos, las piernas y la cara.