Si hay algo que destaca de esta serie es el inmenso cuidado que su creador Bryan Fuller pone en los detalles, especialmente en los visuales, convirtiendo (irónicamente) a Hannibal en un producto tremendamente hermoso de ver. La estética es tremendamente atractiva a la par que perturbadora; una manera de hacernos cómplices de la mente de un psicópata, haciéndonos ver el mundo a través de sus ojos.
La primera temporada fue solamente el primer plato de un suculento banquete del que ahora os ofrecemos un segundo plato aún más exótico y apetitoso. Tomaos un par de Omeprazoles (como mínimo) porque vamos a hincarle el diente a la segunda temporada de Hannibal.