Los próceres colombianos han tenido en nuestra historia un estatus casi de
dioses. Pocos los han cuestionado y sus obras no han contado con gran
popularidad. Nariño ladrón, Caldas cobarde, Bolívar sanguinario, o el
antiheroe de Pablo Morillo, un soldado como cualquier otro y no el sádico
inhumano que nos han pintado. ¿Por qué hay que cuestionar esos mitos
fundacionales?