Quizá hoy sea un buen momento para preguntarte: ¿qué gobierna mi vida? ¿Mis emociones? ¿Mis miedos? ¿La opinión de los demás? ¿O me gobiernan las convicciones claras basadas en la verdad de Dios? Porque si no decides tus valores, alguien más lo hará por ti. Y si no estableces principios, las circunstancias lo harán.