Salmo 119:4 (La Palabra) Tú estableciste tus preceptos para que se cumplieran fielmente. PENSAR: Cuando Dios sacó a los hijos de Israel de su esclavitud en Egipto, por medio de su brazo fuerte y liberador, esas tribus y familias hebreas no estaban constituidas como un pueblo, sino hasta que Dios les dio leyes y preceptos. La ley de Dios fue la constitución del nuevo pueblo liberado. Esto nos dice que, para quienes nos consideramos el pueblo de Dios por la fe en Cristo, la palabra de Dios es lo que nos hace ser su pueblo. Somos el pueblo de Dios sólo porque Dios ha hablado. Dios ha hablado para crearlo todo en el principio, y del mismo modo, gracias a que Dios ha hablado, ha creado un pueblo para sí. Su palabra es acto creador. Toda palabra que sale de la boca de Dios es para nuestra vida y salud. Los preceptos de Dios no tienen como objetivo estropearnos la vida o estorbar a nuestra felicidad. Es al contrario. Gracias a los preceptos de Dios podemos conocer la libertad y la salud, la alegría y la paz. Por eso debe interesarnos mucho qué es lo que Dios ha dicho en cuanto a la dignidad de la vida humana y el valor de todo lo creado. ¿Qué ha dicho Dios sobre el trabajo y la justicia? ¿Y sobre las relaciones sexuales? ¿Qué ha dicho Dios sobre el dinero, sobre la riqueza y la pobreza? ¿Qué ha dicho sobre el maltrato a los animales, y sobre el cuidado a las nuevas generaciones? Dios ha dado preceptos, no sólo para que los contemplemos como piezas muy valiosas de un museo de historia, sino para que se cumplieran fielmente. Porque son garantía de paz y justicia, de bienestar y salud. Hay tres aspectos de la ley. El aspecto ceremonial de la ley de Moisés tiene que ver con los ritos de purificación, con el sistema de sacrificios, con las prescripciones dietéticas, con todo aquello que hace pura o impura a una persona, con lo que restaura la relación con Dios. Este aspecto de la ley ha sido fielmente cumplido en la vida, muerte y resurrección del Señor Jesús. Por la sangre que él derramó en el Calvario hemos sido reconciliados con Dios y unos con otros. Su cruz ha purificado nuestro pecado para siempre, y nos ha dado libertad verdadera. En este sentido, el aspecto ceremonial de la ley queda como representación simbólica de lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz. El aspecto civil de la ley tiene que ver con la regulación de la vida social de los hijos de Israel como pueblo liberado por Dios. ¿Cuánto deben costar los alimentos básicos? ¿Cómo se debe pagar un salario? Son preceptos de justicia conmutativa y de convivencia civil entre vecinos. Este aspecto de la ley se aplicó de manera concreta cuando la organización política de los hijos de Israel fue la teocracia. Hoy en día estos preceptos quedan como ejemplo del proyecto de paz y justicia que Dios desplegó para todas las naciones por medio del pueblo de Israel. Estos dos aspectos de la ley no deben interpretarse literalmente, sino a la luz de un tercer aspecto, que es eterno; el cual es el aspecto moral. ORAR: Gracias, Señor, porque nos has dado tus preceptos para vivir. Amén. IR: El Señor no abandona la obra de sus manos.