En Andalucía abundan las zarzamoras, en este poema el maestro de poetas Federico, las compara con un amor con espinas que pichan y hacen sangre, como si fueran un amor no correspondido, al que pide que se acerque y que dejen en su boca el fruto verde como si fuera un beso de amor, al que correspondería con un largo abrazo.
Finalmente no ocurre nada de eso y la zarzamora se va a buscar otro amor.