La vida es una caminata larga llena de sitios inesperados y lo que hace la diferencia entre caer o avanzar no es la prisa que lleves sino a quién estás mirando mientras caminas. Cuando miramos a Jesús, tenemos dirección, fuerza, pero cuando quitamos los ojos de Él para centrarlos en el problema, comenzamos a hundirnos, y eso lo aprendió Pedro.