La verdadera paz no es la ausencia de problemas, sino la presencia de Jesús en tu vida. Nuestro Jesús, no trae reclamos o regaños en medio de una tribulación interna, trae paz restaurada, reconciliación, bienestar completo, e incluso, propósito, no porque estemos preparados, o seamos perfectos, sino porque Aquel que vino a traer paz, nos envía a llevar paz a otros que lo necesitan.