Al tener conflictos con la autoridad, podemos optar por quejarnos, por oponernos, por juzgar. Sin embargo, irrespetar el liderazgo de alguien aunque sea equivocado, clausura la puerta de la solución. Y la realidad, es que Dios sigue reinando soberano, puedes descansar en las promesas que Dios dió. Aprende a apelar ante situaciones difíciles, elige soltar el enojo que te destruye, el silencio que te amarga.