Solemos dejarnos impulsar por la emoción de los nuevos comienzos, arranques espirituales, oraciones cargadas de ilusión, sin embargo, la verdadera bendición no es motivarte a empezar la carrera, sino tener la determinación de terminarla. Dios busca atletas de alto rendimiento que no se rindan ante las condiciones difíciles o el camino hostil, busca corredores de fondo comprometidos y obedientes que se mantengan constantes.