Hemos caído en la trampa de creer que el valor de nuestra vida se mide por la cantidad de actividades que logramos meter en el calendario, que si no estamos "resolviendo" algo, estamos perdiendo el tiempo. Sin embargo, la prisa es una tiranía, un gobernante invisible que usurpa el trono en los hogares, es el mayor enemigo de la intimidad y no puedes amar profundamente a alguien si estás acelerado todo el tiempo.