Para que Dios nos dé la capacidad de ser buenos oidores, debemos entender que Dios nos habla en el sonido apacible y delicado según 1 Reyes 19:9-12. Él nos da una confirmación interna y luego una explicación que viene desde afuera. El primer enemigo y el más mortal para no escuchar su voz es la vida complicada que tenemos.