Hemos llegado a comprender que no es negociable asistir a nuestra congregación al lado de nuestros hermanos en la fe, hace falta y nos ha llevado a recordar un principio fundamental: Dios no habita en templos hechos por manos humanas. Desde siempre, ha buscado un lugar dónde habitar, buscando un reposo, hasta llegar a tomar la decisión de despojarse de su trono en el cielo celestial para habitar en cada uno de nosotros. Somos templo del Espíritu Santo, somos la casa de Dios.