UN DÍA A LA VEZ
La envidia
Aunque rara vez la llamamos por su nombre, la conocemos bien. A veces el ego la oculta detrás de supuesta indignación o sentido de la justicia. El ego es experto en disfrazar sus vicios de virtudes.
La envidia duele dos veces: primero por lo que el otro tiene, y después por lo que nos revela de nosotr@s mismos.
En un camino espiritual con fundamento aprendemos a mirarla de frente. La envidia no es una señal de que el otro no merece lo que tiene sino de que algo en nosotr@s desea crecer en esa dirección, y todavía no hemos dado los pasos que nos corresponden.
La envidia tiene utilidad espiritual, si tenemos la honestidad suficiente.
El ego convierte el anhelo del alma en resentimiento hacia el otro. La conciencia lo convierte en información sobre un@ mism@.
¿Qué me está mostrando esta envidia? ¿Qué anhelo genuino hay detrás de ella? ¿Qué estoy dispuest@ a hacer para moverme en esa dirección?
Nadie avanza mirando lo que avanza el de al lado.
Hoy:
Si noto envidia, no la justificaré ni la negaré. La miraré con honestidad y me preguntaré qué anhelo del alma hay detrás. Convertiré esa energía en impulso hacia mi propio crecimiento.
*Estos contenidos no reemplazan a una formación espiritual con Fundamento.
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