Todos en algún momento nos hemos equivocado, pero hay una gran diferencia entre fracasar y ser un fracasado, lo que está en juego es más profundo: es la forma en cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo vemos la misericordia de Dios en nuestras vidas. El fracaso no es el final, sólo es un camino que no funcionó.