Jamás habrá un cambio si no aceptamos el hecho de que es importante pertenecer. No lograremos todos los cambios que debemos, necesitamos o deseamos hacer por nosotros mismos si no “encajamos”. Hay cosas que no podemos hacer por sí solos. El apóstol Pablo nos habla en su carta a los Romanos acerca de esa pertenencia.