La plaga más antigua, letal y universal de todas es la que comenzó en el huerto del Edén, propagándose por una sola decisión: el día en que Adán y Eva le dieron la espalda a Dios. Romanos 5:12 lo explica concretamente. La humanidad no solo quedó infectada, sino también sedienta, una sed en el alma, un vacío que nada puede llenar, es por eso que la sed más profunda del ser humano solo puede ser saciada con la Presencia de Dios.