Todos tenemos cargas, sin embargo, cuando aceptamos a Jesús en nuestro corazón, decidimos abrir nuestro corazón a Dios y permitir que Cristo sea quien dirija el centro de nuestra voluntad, cambiamos nuestra carga por la carga de Jesús, y cuando se comienza a cargar su carga, que es el servicio basado en la palabra de Dios, llega un momento en el que proclamar llega a ser una carga, pero nunca será más pesada que tu propio pecado. ¿Será que alguna vez has experimentado verdaderamente lo que es llevar una carga?