Desde la creación del hombre, Dios dijo: Hagamos al hombre conforme a nuestra imagen y semejanza. El Padre anhela que, como sus hijos, desarrollemos un espíritu de generosidad. El apóstol Pablo escribe en su segunda carta a los Corintios: “Como resultado del ministerio de ustedes, ellos darán la gloria a Dios, pues la generosidad de ustedes, tanto hacia ellos como a los creyentes demostrará que son obedientes a la buena noticia de Cristo”. Tenemos una invitación a la generosidad.