Ésta oración está escrita en Mateo 15:25, es la oración de una madre desesperada. Los hijos llevan a sus padres a emociones extremas; son un regalo de Dios y uno que viene con muchas sorpresas. En este pasaje, Jesús no le respondió, pero continuaba insistiendo, porque llegan esos momentos en la vida donde el dolor es mucho más alto que el orgullo y no hay nada que duela más, que un hijo.