Todos estamos anhelando volver a nuestro verdadero hogar. Todos vivimos con esa esperanza en el pecho. No somos más huérfanos, sino hijos amados y adoptados por Dios, nos reclamó antes de que supiéramos que lo necesitábamos y aún más, prometió que iba a regresar por cada uno de nosotros. Volverá.