Vivimos en una cultura obsesionada con la estima, algunos luchan con una baja autoestima y otros están atrapados en un orgullo que parece confianza pero en el fondo, es inseguridad disfrazada. El apóstol Pablo, en su carta a los corintios nos lleva a ver que la condición natural del ego es vacía, frágil pero el Evangelio tiene una propuesta liberadora: una nueva forma de vivir desde la identidad que no del aplauso ni de logros