Tenemos que aprender a ser oídos sordos a la duda y a los que dudan. Las personas tienen derecho a decir lo que quieran pero tenemos derecho a ignorar y decidir qué vamos a aceptar en nuestra vida. Necesitamos de una manera consistente, mental y emocionalmente creer que Dios puede restaurar lo imposible. La duda es lo que anula el poder de Dios en nuestra vida.