Debemos aprender a no meternos en lo que no nos incumbe, tenemos la fascinación y manía de meter las manos donde no debemos meterlas. Dios no necesita parteros, porque nuestra tarea en el Reino de los Cielos no es atender el alumbramiento de alguien o de algo sino facilitar el crecimiento, y con demasiada frecuencia se han abortado procesos que alguna persona tiene con Dios
pero no podemos interferir, sino ayudar al crecimiento.