El Señor le declaró al apóstol que le tenía preparada una corona de justicia. Ésta es una promesa que dejó escrita en Filipenses 3:12. Tenemos que distinguir que no se trata de la salvación o la entrada en el cielo ganada por Cristo y obtenida mediante la fe, porque eso no se gana, es un regalo. La corona es un premio de honores que Dios tiene preparado para quienes sirven al hijo con fidelidad.