Así como la mano es para el guante, el Espíritu Santo es para el cristiano. El problema no es el contenido, es el recipiente. Muchas veces nosotros estamos cerrados en nuestros propios conceptos y el Espíritu Santo no puede obrar. Recordemos lo que está escrito en Apocalipsis 3:20. Dios quiere entrar en nosotros.