En 2016, una serie irrumpió en eso que en el siglo XXI llamamos 'la conversación'. Era verano, una estación hasta entonces difícil para los grandes estrenos, pero en Netflix conocimos un grupo de niños que por el día paseaba por el pueblo en bicicleta mientras escuchaba música de los 80 (sú década); más tarde, por la noche, jugaban en el sótano a «Dragones y Mazmorras» y seguían charlando a través de sus walkietalkies. Pronto aparecieron lo paranormal y, por supuesto, el oscuro gobierno de la nación: para toda una generación aquel fue un primer viaje de descubrimiento; muchos otros ya habíamos estado allí. En «E.T.», «Los Goonies» o las novelas de Stephen King. Y de eso es de lo que hoy vamos a hablar: de algo que vamos a llamar 'el espíritu de los 80' y de su atractiva, peligrosa y paralizante nostalgia.