En el hielo antiguo, allí donde ningún mapa debería atreverse a hablar, los hombres que venían de Miskatonic oyeron una palabra que no era una palabra. En aquel eco, más viejo que la historia y más frío que la ciencia, intuyeron que no solo estaban descubriendo. Estaban desenterrando, siendo observados.
Si en la primera parte de este programa seguimos a Lovecraft hasta Nueva York, imaginando las Tierras del Sueño, hoy regresamos con él a Providence para entrar en la etapa que marcó el terror contemporáneo: la del archivo, la investigación y el diseño catalogado del horror. Desde 1927, Howard Philips Lovecraft levanta una arquitectura con lugares, libros y nombres: Arkham, Dunwich, Innsmouth, la Universidad de Miskatonic. Y cada pista encaja con la siguiente; y cada hallazgo abre una puerta que nadie debía cruzar.
Diez años después, en 1937, el autor deja este mundo; pero a su cosmos indiferente no le importó su muerte y permaneció ahí, ajeno a su creador. Al pasar la última página, no sabemos si da más miedo el universo o la propia mente que pudo ordenarlo.