Ésta enseñanza está centrada en la hija de Jairo, escrita a partir de Lucas 8:40. Cuando Jesús llega a la casa, la hija había muerto ya. A Jairo le dijeron que no moleste más al Maestro, pero debemos tener claro que nosotros jamás hemos sido una molestia para Dios y para sus propósitos en nuestra vida.