El desamparo o el abandono es un sentimiento que todos hemos experimentado. Mateo 27:47 nos enseña que Jesús dijo: Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has desamparado? La respuesta a esta pregunta es muy cercana a lo que cada uno de nosotros ha vivido y vivimos tantas cosas, que llegamos a decir las mismas palabras de Jesús.