David nos da el ejemplo de cómo amar a los enemigos, al hombre que persistía en tratar de matarlo lo llamó amado y amable
porque nuestro verdadero enemigo no es otra persona irritante, ni de lengua mordaz, ni diferente a nosotros, es cualquiera que interfiera en el cumplimiento de la voluntad de Dios para nuestra vida; el error es que a veces aceleramos cosas que no debemos acelerar, y Dios quiere que avances pero nunca a costa de la muerte de otros, que nunca acontezca esto en tu vida.