Hay momentos en la vida en donde un detalle mínimo, termina provocando un gran desastre, así son las pequeñas decisiones en nuestras vidas, cosas que parecen insignificantes como una palabra dicha sin pensar, una oración tomada sin oración, un hábito que justifica algo más y con el tiempo, esas pequeñas locuras pueden cambiar el rumbo de nuestra historia. El rey Salomón lo ilustró con una imagen impactante en Eclesiastés 10:1.