Si excluimos a Dios de las minucias y trivialidades de la vida, nos perjudicamos a nosotros mismos, porque nos perdemos de saber que es un hiperrealista como lo dice el Salmista en el Salmo 84:3. Dios está pendiente de su creación desde lo más minúsculo hasta lo más impresionante. Uno de nuestros grandes errores es concebir a Dios tan grande, infinito e inalcanzable y olvidamos su trato ordinario, hiperrealista con su creación.