Dios es la puerta a la libertad. No hay otra forma de salir de la prisión del enojo, amargura, tristeza, timidez o cualquier otra en la que podemos caer. En Juan 10, Jesús nos dice que Él es la puerta. No es necesario estar detrás de las rejas de una prisión para ser un prisionero porque la prisión más común está en la mente.