En la parábola del hombre de la viña nos enseña que no importa cuánto hayamos trabajado, Dios nos pagará bien porque en Él siempre hay buena paga. Debemos mirar al Señor con mente de ganador, la mirada en el premio y galardón. Desafortunadamente hemos aprendido a caminar con una mente de derrota pero la Biblia nos dice que somos ganadores los que buscamos a Dios.