Dios tiene una forma de pensar única y particular y nos resulta difícil tratar de “encerrarlo” en nuestra línea de pensamiento. Sin embargo, nos deja claro cómo piensa Él. El profeta Isaías lo describe de una manera extraordinaria en Isaías 55:8-9b. Puede ser que intentamos algo y no resultó según el plan, así que tenemos que volver a enfrentar retos personales hasta que sintonicemos nuestra mente con la mente de Cristo.