La vida se trata más de las relaciones que cultivamos, que de las adquisiciones que logramos poseer. El salmista en Salmo 17:15 nos enseña lo más grandioso que una persona puede entender: Poder estar satisfecho y ser declarado inocente, siendo el Señor nuestra mayor alegría. La verdad es que el mundo nos satura de falsas necesidades que llegamos a negociar y ponemos “valor” a las relaciones.