Dios es una persona que tiene sentimientos, emociones, una imagen de nosotros, pero infinitamente más grande y más perfecto. Él ama, corrige, se apiada y se compadece de nosotros. Nada prueba más que su gran corazón compasivo que las palabras que escribió el Rey David en el Salmo 56:8 “Pon mis lágrimas en tu odre, ¿No están ellas escritas en tu libro?” Dios tiene un recipiente personal que cada uno de sus hijos ha derramado sobre sus mejillas.