La relación de Zezé con el portugués cambió desde que lo ayudó a curar su pie lastimado. Paseaban casi todos los días en el hermoso auto y contaban historias familiares. Así se enteró de la pobreza en que vivía Zezé porque su padre no tenía empleo. Todo esto conversaba mientras el auto andaba ya que el portugués le había dicho que esa máquina era de ambos por ser amigos. Lo que más conmovió al portugués fueron las historias de navidad sin regalos y cuando le pregunto su edad le confesó que tenía cinco años pero mentía tener seis para ir a la escuela. Los dos quedaron de acuerdo en que esa amistad especial debía ser secreta.