Hacer un inventario delante de Dios, implica poner nuestras heridas, historia, recuerdos, y Él con paciencia mira lo ocurrido en el pasado con el único fin de sanarnos, y en medio de esa revisión interna del alma, Su voz y la nuestra se conecta, dando paso a una ley: La de la honra a nuestros padres.