Oh, Jesús, no me dejes vivir en el umbral del ansia, del enfado o de la prisa. Enséñame a vivir en el umbral del misterio, sabiendo que, en estas circunstancias, se me comunica lo divino.
Oh, Jesús, no me dejes vivir en el umbral del ansia, del enfado o de la prisa. Enséñame a vivir en el umbral del misterio, sabiendo que, en estas circunstancias, se me comunica lo divino.