Muchas veces Dios nos permite, como sus hijos sufrir un dolor indescriptible como le sucedía al profeta Jeremías.
éste no es el pesar del luto o del fracaso, sino un dolor que refleja un corazón que está conectado con el corazón de Dios, un dolor como el de Dios, es la aflicción relacionada con el dolor del pecado de otras personas; así como Jesucristo sintió la angustia por nuestros pecados en la cruz del calvario.