Recientemente nos ha recordado el Papa Francisco que El Señor nos llama a todos a la santidad, también a los de la puerta de en frente a nuestra casa.
En realidad la santidad y el apostolado son dos caras de la misma moneda. Son dos realidades que se completan: indudablemente no hay verdadero apostolado sin santidad, porque el alma de todo apostolado es la vida interior. Por eso, a principios del siglo XX se puso de relieve la idea de que “no hay verdadero apostolado” sin un esfuerzo por buscar la santidad.