El Santo Cura de Ars comentaba que el alma, al salir de esta vida, verá por fin a Aquel que poseía cada día en la Sagrada Eucaristía, a quien hablaba, con el que se desahogaba cuando ya no podía con sus penas.
Ante la vista de Jesús glorioso, el alma de fe escasa tendrá que exclamar: ¡Oh Jesús, qué pena haberte conocido tan tarde...!, habiéndote tenido tan cerca.